El Hospital San Juan de Dios de Córdoba ha vivido en los últimos días una de esas situaciones que ponen a prueba no solo la capacidad asistencial de un centro sanitario, sino, sobre todo, su capacidad de respuesta ante situaciones inesperadas, el compromiso de la Orden y de sus profesionales con las personas y su vocación de servicio.
Tras el grave accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, el pasado domingo 18 de enero, el Hospital dispuso de manera inmediata todos sus protocolos para atender a los heridos, respondiendo a la petición del Servicio Andaluz de Salud y actuando de manera coordinada con el servicio de Emergencias Sanitarias de la Junta de Andalucía.
Desde el primer momento en que se tuvo conocimiento del suceso, el equipo directivo del hospital activó el dispositivo de respuesta ante emergencias. El servicio de Urgencias fue reforzado de inmediatamente y se organizó un circuito asistencial ágil y eficaz para garantizar la atención clínica, el diagnóstico y las primeras intervenciones necesarias.
La actuación se desarrolló en estrecha coordinación con el Servicio Andaluz de Salud, Emergencias Sanitarias 061 y la Junta de Andalucía, manteniendo una comunicación constante y ordenada que permitió en todo momento conocer el estado de cada paciente, su evolución y las actuaciones a realizar.
Según cuenta, Horacio Pijuán, director gerente del Hospital, la situación requería no solo de una atención asistencial a las personas que llegaban heridas, sino a sus familiares y otras tantas familias que se acercaban con la incertidumbre de no saber el paradero de un hijo, un hermano o una madre.
Por su parte, el Superior del centro, Isidoro de Santiago, realizó durante toda la noche una labor de acompañamiento y apoyo espiritual tanto a los pacientes, como a sus familiares, acogiéndolos a todos desde el carisma hospitalario.
Y es, además de los servicios médicos, también se activó un apoyo psicológico para acompañar a estas personas, que también contaron con la ayuda de los hermanos de la Comunidad de la Orden en Córdoba.
En total, fueron atendidas 17 personas, algunas de las cuales continúan ingresadas en la actualidad, con una evolución clínica favorable, mientras que el resto ha podido regresar ya a sus hogares. Más allá de los datos, cada uno de estos pacientes arrastra una historia marcada por el impacto del accidente, el miedo y la incertidumbre. Muchos de ellos coinciden en una misma frase: “Hemos vuelto a nacer”.
Profesionales volcados con corazón y vocación
Médicos, enfermeras, auxiliares, personal de urgencias, servicios generales, todo el hospital se volcó. “El papel de los equipos fue clave no solo por su preparación técnica, sino por su disponibilidad, compromiso y calidad humana”, destaca el director gerente, quien añade que“la respuesta del personal fue excepcional y magnífica. Estamos acostumbrados a trabajar en situaciones complejas, pero una vez más todo el mundo se alineó, se volcó y puso lo mejor de sí mismo para que la atención fuera la mejor posible”.
Ese esfuerzo continuado se ha mantenido durante los días posteriores al accidente. Los profesionales han estado pendientes de los pacientes las 24 horas, acompañándolos en su recuperación física y también emocional. Los testimonios son emocionantes y expresan agradecimiento y reconocimiento por el trato recibido y por la sensación de seguridad que han encontrado en el centro.
Acompañar también a las familias
Un aspecto especialmente valorado por los pacientes ha sido el trato dispensado a sus familiares, muchos de ellos procedentes de fuera de Córdoba, sobre todo de Huelva. La información constante, la cercanía y el acompañamiento han sido claves para aliviar la angustia de quienes esperaban noticias de sus seres queridos.
Además, durante los días de ingreso, los pacientes y sus familias han recibido la visita de diversas autoridades, que han querido mostrar su a los pacientes y sus familias y agradecer la labor del Hospital. Entre ellas, la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda; la consejera de Inclusión Social de la Junta de Andalucía, Loles López; la subdelegada del Gobierno en Córdoba, Ana María López, y la subdelegada del Gobierno en Huelva, María José Rico; y el Obispo de Córdoba, D. Jesús Fernández, cuya presencia ha sido especialmente significativa para muchos pacientes y familiares.
Estas visitas han contribuido también a reforzar el ánimo de los heridos, que poco a poco muestran una evolución positiva no solo en lo clínico, sino también en lo emocional.





